Fui a Playa Viva
Turismo Regenerativo en las costas de Guerrero
A veces me topo con libros que cuestionan profundamente mis conocimientos, mis posturas y mi entendimiento de la vida y suss relaciones. El rastreador, de Baptiste Morizot, fue uno de ellos.
Este libro profundiza en el arte ancestral del rastreo, que nos permite reconectar con nuestras olvidadas formas animales y así entender cómo el arte del rastreo primitivo de nuestros antepasados homínidos moldeó nuestro comportamiento, nuestro cerebro y nuestra cultura.
Apenas comenzaba a leerlo cuando recibí algunas bofetadas literarias que me hicieron replantear muchas cosas. El autor reflexiona sobre nuestra idea de “naturaleza” como concepto y sobre lo que significa en la cultura moderna.
Plantea, sin rodeos, cómo hemos arquetipado la naturaleza como un escenario del cual nos servimos a placer: la usamos como fuente de recursos y escaparate para nuestro ego, perpetuando la idea de que nosotros estamos “aquí”, mientras que la naturaleza está “allá”. Esa separación nos coloca por encima de ella y refuerza el ideal de conquista y dominación del territorio, que luego se extrapola al dominio de otros pueblos, culturas, géneros y personas.
Esta idea la comparto en otra entrada de Substack de aquí abajo.
El texto de Morizot invita a una reflexión profunda que puede reconectarnos con nuevas —y antiguas— formas de entender nuestro lugar en el universo y el de todos los seres vivos del planeta. También nos propone pensar cómo podemos habitar el mundo buscando cocrear lugares llenos de vida.
Lo más afortunado, para mí, fue que este libro me encontró justo en un lugar donde pude comprender y visualizar mejor el potencial de estas ideas: Playa Viva, en las costas de Guerrero.
Playa Viva es un proyecto que busca crear experiencias turísticas desde una visión de salud personal y territorial. Aunque es un hotel, trasciende los servicios y conceptos tradicionales de la hospitalidad para convertirse en un centro donde la naturaleza, las personas y las especies no humanas conviven en equilibrio.
El hotel se encuentra en Juluchuca, Guerrero, a unos 40 minutos del aeropuerto de Zihuatanejo. Es un hotel regenerativo con 19 habitaciones frente a las playas guerrerenses del Pacífico. Su arquitectura emula formas vivas y usa elementos naturales como parte del diseño.
Es 100 % sostenible: depende completamente de energía solar y cuenta con un sistema de manejo de agua que permite su reutilización, además de ser fundadores y soporte de distintos movimientos y organizaciones como ReSiMar y Gente Viva, que buscan promover la conservación y la salud del territorio y sus especies a través de actividades productivas, comercio, educación y programas de monitoreo y saneamiento de agua.



Playa Viva ofrece estancias de lujo coherentes con la salud y la prosperidad del territorio y sus habitantes. Sus espacios y experiencias buscan fortalecer las relaciones entre las personas y su entorno.
Quienes participaron en sus primeras etapas cuentan que se realizó un ejercicio profundo con expertos en regeneración, observando durante largos periodos los procesos, relaciones y características del territorio para adaptar el proyecto a él, y no al revés, como sucede en los negocios tradicionales.
La arquitectura, los ambientes, la atención del personal y los productos que ofrece Playa Viva generan un entorno cálido y de gran calidad, que equilibra calidez, lujo y exclusividad sin caer en la exclusión.
Vale la pena preguntarnos si lo que entendemos por lujo no es ya una idea obsoleta e incompatible con la salud y el bienestar. El derroche, la presunción, la exclusión y el dominio sobre la naturaleza deben quedar atrás.
El turismo regenerativo propone experiencias de viaje diseñadas y ejecutadas desde un entendimiento profundo del destino, el territorio, sus personas y su relación con los elementos naturales. Esto depende no solo del turista, sino también de las comunidades anfitrionas y de quienes crean las ofertas y servicios turísticos. Pero claro, si la oferta cumple con los criterios de calidad, seguridad y placer que el viajero busca, todos ganamos.
Playa Viva es uno de los mejores ejemplos que he encontrado. Este hermoso hotel fue soñado desde el inicio como un lugar donde las relaciones entre el territorio, sus personas y los visitantes pueden aprovechar el potencial del turismo para crear mejores condiciones comunes.
El verdadero lujo es poder disfrutar el mundo y sus regalos sin comprometer nuestra comodidad, seguridad ni el florecimiento de la vida en su forma más generosa.
Hoy existen pocos lugares donde vivir y entender esta visión, pero confío en que, con sabiduría y voluntad, encontraremos cada vez más ejemplos como Playa Viva, en las costas de Guerrero.








